Por tercer mes consecutivo, un
informe de una reconocida consultora registra caída en la evaluación positiva
de la situación del país, en tanto que el desempleo se convierte en la
principal preocupación de los argentinos y baja la tolerancia al ajuste del
Gobierno, inclusive entre los votantes de Javier Milei.
Así lo revela la nueva edición de
QMonitor, el sistema de monitoreo estratégico de QSocial Big Data.
Con un enfoque metodológico
bimodal que combina encuestas probabilísticas y etnografía digital, el informe
correspondiente a abril de 2026 arroja un marcado deterioro del humor social,
una creciente pérdida de confianza en el gobierno y un fuerte retroceso de las
expectativas económicas de la población.
Récord negativo en la evaluación
de la situación del país
El estudio advierte que, por
tercera vez consecutiva, desciende la evaluación positiva de la situación
actual del país, alcanzando el valor más bajo desde el inicio de la serie
histórica de QMonitor.
Este dato se inscribe en un
contexto de malestar creciente que atraviesa múltiples dimensiones del ánimo
social.
En ese marco, el desempleo se
transforma en el principal problema del país, desplazando a la inflación que,
luego de cinco meses, regresa al segundo lugar entre las preocupaciones de los
argentinos.
Este cambio en el ranking de
prioridades refleja el impacto directo de la crisis en la vida cotidiana de las
familias.
Caída del apoyo al gobierno y
récord en percepción de corrupción
El apoyo al gobierno cae por
tercera vez consecutiva, ubicándose en uno de los valores más bajos registrados
por la serie.
Esta disminución se explica
especialmente por un retroceso en el respaldo de aquellos identificados con el
PRO y de los votantes independientes, dos segmentos que hasta hace poco
funcionaban como un sostén clave para la administración nacional.
Paralelamente, la percepción de
corrupción del gobierno crece cuatro puntos y alcanza el valor más alto de
todas las mediciones realizadas por QMonitor, un dato que impacta directamente
en la confianza institucional y en la legitimidad de la gestión.
El vínculo afectivo hacia el
Presidente toca un piso histórico
Uno de los indicadores más
sensibles que releva el informe es el índice de vínculo afectivo hacia el
Presidente, que cae y toca uno de los valores más bajos de toda la serie.
Dentro de este índice, los
subíndices que más se resienten son el de empatía —que evalúa la capacidad del
presidente para generar simpatía y ser percibido como un líder cercano y
empático— y el de confianza —que cuantifica el grado de creencia de los ciudadanos
en la honestidad y la capacidad del mandatario para tomar decisiones correctas
para el país—.
La tolerancia al ajuste y la
paciencia social también se ven fuertemente afectadas. Este indicador pasa del
42% al 35%, registrando una caída que se manifiesta incluso dentro del segmento
mileísta, tradicionalmente más afín a las políticas de ajuste.
Se trata de una señal de alerta
clave para el oficialismo, ya que sugiere que el desgaste comienza a erosionar
incluso a sus propias bases.
La oposición no logra capitalizar
el desgaste oficialista
Sin embargo, la oposición no logra capitalizar este impacto negativo que sufre el gobierno. Según el relevamiento de QMonitor, Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo la principal líder de la oposición, sin que el arco opositor en su conjunto consiga traducir el mal humor social en una alternativa política clara y competitiva.
En cuanto a la imagen
presidencial, el informe muestra que la imagen positiva del Presidente baja
cinco puntos y se ubica en 36%, mientras que su diferencial de imagen se
consolida claramente en terreno negativo.
Indicadores económicos
El capítulo más crítico del
informe es el vinculado a los indicadores económicos, que tocan o se acercan a
picos negativos. La evaluación negativa de la economía nacional sube doce
puntos y se ubica en 48%, un salto significativo que refleja el malestar profundo
de la ciudadanía. Al mismo tiempo, se resienten fuertemente las expectativas y
crece el escepticismo a futuro: pasa del 36% al 52%.
En paralelo, crece la demanda
social para que el gobierno priorice la recuperación de los salarios y la
generación de empleo, por encima de otras metas de política económica.
Este reclamo se enmarca en un
fuerte deterioro de la situación económica personal de los argentinos: aumenta
el endeudamiento, crece la percepción de aumento de precios y se extiende la
idea de que los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
Un dato particularmente elocuente
es que siete de cada diez argentinos tienen que recurrir a algún mecanismo para
financiar sus gastos cotidianos, ya sea a través de ahorros, préstamos
informales, tarjetas de crédito o ayuda familiar.
Además, más del sesenta por
ciento de la población registró algún despido en su círculo cercano en los
últimos tres meses, lo que evidencia la magnitud del impacto laboral de la
crisis.
Fuente: NA/BAE