La foto que expuso un problema de sensibilidad política

Por Mario Samaniego

Sábado, 18 de julio de 2026 - 12:09 hs.
La foto que expuso un problema de sensibilidad política

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La fotografía fue publicada por la esposa de Maurice Closs en sus redes sociales. Nadie la obtuvo de manera clandestina ni invadió su privacidad. Lo que hizo el periodismo fue poner esa imagen en contexto y abrir una discusión que resulta inevitable para cualquier dirigente con aspiraciones de volver a ocupar un lugar central en la política.

El punto nunca fue el viaje en sí. Tampoco el hecho de asistir a un Mundial. La cuestión pasa por el mensaje que transmite esa imagen en un contexto donde miles de argentinos hacen enormes esfuerzos para llegar a fin de mes.

La política no se construye solamente con decisiones de gestión. También se construye con gestos, símbolos y sensibilidad social. Y allí aparece el verdadero debate: ¿existió la suficiente percepción del momento que vive la sociedad para decidir publicar esa fotografía?

Eso no constituye un escrache. Constituye un análisis periodístico sobre la comunicación pública de un dirigente político.

Naturalmente, alrededor de Closs existen desde hace años cuestionamientos políticos vinculados al crecimiento de su patrimonio y a la relación comercial de empresas de su entorno con el Estado, temas que forman parte del debate público y que han sido objeto de cobertura periodística. Pero una cosa es ese debate, y otra muy distinta es la fotografía en la que él mismo decidió mostrarse.

Precisamente por esa historia política, cualquier imagen que proyecte una vida de alto poder adquisitivo inevitablemente será observada bajo una lupa mucho más exigente por parte de la sociedad.

En política, muchas veces el problema no es lo que uno hace, sino el momento en que decide mostrarlo. Y eso no es un escrache.

Es simplemente la consecuencia de que los dirigentes, especialmente quienes buscan volver a ocupar espacios de poder, también son evaluados por la sensibilidad que demuestran frente a la realidad que vive la gente.

La discusión tampoco puede reducirse a una simple fotografía. Esa imagen adquiere otra dimensión porque aparece en el contexto de una historia política donde las empresas vinculadas al exgobernador continúan siendo proveedoras del Estado provincial con contratos por cifras millonarias.

Durante los últimos meses, distintos decretos publicados en el Boletín Oficial reflejaron nuevas adjudicaciones, contrataciones directas y licitaciones a favor de firmas del Grupo Closs. Entre ellas, una contratación directa cercana a los 114millones de pesos para el abastecimiento de combustible de ambulancias, otra por alrededor de 320 millones para la Policía y el Servicio Penitenciario, además de una licitación superior a los 790 millones de pesos para la provisión de combustibles. Según relevamientos periodísticos, las empresas del grupo facturaron más de 2.340 millones de pesos al Estado provincial durante 2025. (agenciahoy.com)

Frente a ese escenario, la discusión deja de ser deportiva o turística. Pasa a ser política. Porque cuando un dirigente que conserva semejante volumen de negocios con el Estado decide exhibir una imagen de alto poder adquisitivo, inevitablemente se expone al juicio de una sociedad que atraviesa enormes dificultades económicas.

El problema no radica en que una persona tenga éxito económico. Tampoco en viajar. El verdadero interrogante es otro: ¿qué mensaje recibe el ciudadano común cuando observa que quien todavía mantiene importantes vínculos comerciales con el Estado proyecta una imagen completamente desconectada de la realidad cotidiana?

La política exige algo más que legalidad. Exige sensibilidad. Exige comprender el contexto social y entender que quienes ejercieron el poder —o pretenden volver a ejercerlo— no son evaluados únicamente por lo que hacen, sino también por lo que comunican.

Quizás ese sea el verdadero error de esa fotografía. No haber entendido que, en momentos donde miles de familias ajustan gastos para llegar a fin de mes, exhibir privilegios no transmite éxito. Transmite distancia.

Y cuando la distancia entre la dirigencia y la sociedad se vuelve demasiado grande, el problema ya no es una foto. Es la pérdida de empatía con aquellos a quienes alguna vez se les pidió el voto.