En medio de una sesión en la Cámara de Diputados de la Nación, el legislador por Misiones, Oscar Herrera Ahuad, tomó la palabra para hacer un planteo personal e institucional a la vez: explicó que tiene una discapacidad auditiva del 100% y reclamó condiciones para poder escuchar las intervenciones en el recinto.
“Yo soy un discapacitado auditivo, 100%. Escucho a través de un dispositivo que me proveyó esta Cámara y de esa manera puedo seguir cada una de las intervenciones”, señaló. El sistema, aclaró, le permite oír únicamente al diputado que está en uso de la palabra. Las intervenciones simultáneas o interrupciones le generan interferencias que le impiden comprender el debate.
El planteo fue directo: “¡Tengo derecho a escuchar! ¡Tengo derecho como discapacitado a estar en esta Cámara!”. No se trató de una intervención partidaria sino de una advertencia sobre las condiciones del debate parlamentario y el respeto a la palabra.
Herrera Ahuad subrayó que su voto “también puede cambiar la historia de la Argentina”, una frase que ubicó el reclamo en el plano institucional. No habló solo en nombre propio. “Pido respeto en nombre de todos los discapacitados que quizás puedan estar en este lugar”, agregó, y reclamó que el diputado que esté en uso de la palabra —“sea del espacio político que sea”— pueda expresarse sin interrupciones para garantizar que todos puedan escucharlo.
El mensaje expuso una dimensión menos visible del funcionamiento parlamentario: la accesibilidad dentro del propio recinto. Como es de publico conocimiento Herrera posee un dispositivo auditivo, pero su eficacia depende del orden del debate y del cumplimiento del reglamento. Cuestiones básicas para un debate ordenado.
La intervención dejó planteado un punto de fondo: la inclusión no se limita a garantizar el acceso físico a los cargos públicos, sino también las condiciones materiales para ejercerlos en igualdad. En un ámbito donde cada voto cuenta, escuchar no es un detalle técnico. Es parte sustancial del derecho a representar.