Del “heroísmo fiscal” de Nación, a la búsqueda del equilibrio de Misiones

La Argentina de las últimas semanas expone esa paradoja con crudeza: mientras el relato oficial celebra indicadores “de vitrina”, la vida doméstica se endurece.

Domingo, 15 de febrero de 2026 - 9:07 hs.
Del “heroísmo fiscal” de Nación, a la búsqueda del equilibrio de Misiones

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Las últimas reformas que impulsa el gobierno nacional parecen continuar con la estrategia de un tipo de poder que no busca ordenar sino desordenar, saturar la agenda, romper reglas simbólicas y gobernar desde la disrupción permanente. Dos ejemplos son la baja de imputabilidad y la reforma laboral, que se suman a las desregulaciones y otros anteriores, impulsados en los dos primeros años.

La Argentina de las últimas semanas expone esa paradoja con crudeza: mientras el relato oficial celebra indicadores “de vitrina” —finanzas, reservas, expectativas—, la vida doméstica se endurece. Dos de cada tres hogares admiten dificultades para llegar a fin de mes, y una porción importante habla de “grandes dificultades”. El ajuste ya no se hace recortando “extras”: se hace recortando comida, carne, compras básicas.

Y cuando la plata no alcanza, aparece el atajo más riesgoso: la deuda como respirador. El País reportó que la mora de los préstamos a familias llegó al nivel más alto desde 2010, con especial impacto en créditos personales. No es un dato técnico: es una radiografía social. Es gente pagando el mínimo, pateando vencimientos, entrando a un circuito que puede convertirse en una trampa.

En paralelo, la retracción del consumo confirma que no hay “milagro” en la heladera. Un estudio difundido esta semana señala que el consumo privado cayó 1,5% en enero y que la compra de carne vacuna retrocedió 6,5% interanual. En otras palabras: la Nación puede insistir con épicas financieras, pero en los barrios el termómetro es otro.

Si la narrativa nacional se organiza alrededor de la “motosierra”, Misiones tiene una posición totalmente diferente, más difícil, pero más efectiva: hacer de la estabilidad una emoción. Convertir la previsibilidad en un valor aspiracional. Y sobre todo: demostrar, con hechos y datos simples, que mientras el discurso nacional se alimenta del conflicto, acá se gobierna para aliviar.

No es teoría. En los últimos días, el gobierno de Hugo Passalacqua volvió a poner sobre la mesa decisiones de “alivio concreto” que, comunicadas con inteligencia, valen más que mil cruces en redes.

Uno de ellos es la apertura de inscripción del Boleto Estudiantil Misionero: en 2025 alcanzó a cerca de 400 mil estudiantes, un número que dimensiona el impacto directo sobre la economía familiar.

Otro anuncio fue la prórroga del Impuesto Provincial Automotor (IPA) con descuentos de hasta 35% por pago contado, extendida hasta el 10 de marzo, como gesto de acompañamiento en un contexto de bolsillo ajustado.

Esto es clave: el gobernador Passalacqua no busca disputar quién es “más duro” ni quién “recorta más”. Lo que hace es trabajar en búsqueda de contención desde otro lugar: equilibrio, orden, administración profesional, pero con prioridad en el bienestar de las personas. Si la Nación vende “heroísmo fiscal”, Misiones muestra alivio y tranquilidad frente a la incertidumbre, los recortes y la motosierra.

En la capital, el intendente Leonardo “Lalo” Stelatto opera —con su estilo— sobre el mismo contraste: menos ruido, más territorio. Y cuando el país vive de sobresalto en sobresalto, la gestión local se mide en servicios.

Ahí están los ejemplos recientes: operativos coordinados para sostener el servicio de agua en barrios con dificultades, con camiones cisterna, tanques comunitarios y mantenimiento de redes. Un Operativo Integral de Salud en Los Paraísos con alrededor de 430 atenciones en una mañana: pediatría, certificados escolares, vacunación y servicios complementarios. Y refuerzo de acciones de prevención del dengue con descacharrado, recorridas y concientización. Son solo algunas de las múltiples actividades de la última semana.

Y una política de agenda positiva que también es economía: el festival UNA+ con un impacto estimado de $99,3 millones en movimiento local.

Esos hechos son la respuesta más potente al ruido permanente de la Nación: gobernar lo cotidiano. Porque cuando la plata no alcanza, la gente no necesita más ideología: necesita que el Estado —provincial y municipal— esté para aliviar donde duele.

En un clima nacional que muchas veces coquetea con la provocación y el “que estalle todo”, Misiones tiene otro desafío: sostener el orden sin espectáculo, y desactivar tensiones sin humillar a nadie.

En esa línea, la mesa de trabajo encabezada por el ministro de Hacienda para planificar acciones 2026 y fortalecer condiciones laborales de Policía y Servicio Penitenciario es una señal institucional: se dialoga, se organiza, se encauza. La estabilidad también se construye así: con Estado presente, pero sereno.

Y el conflicto del tabaco dejó una enseñanza adicional: cuando aparecen intentos de desestabilización de minorías intensas, el camino no es subir la apuesta sino evitar la escalada. Tras una orden judicial, se levantó el acampe frente a la CTM y se anunció la reanudación del acopio, con el dirigente convocante citado a declarar. No hay que romantizar el conflicto: hay que resolverlo sin convertirlo en un capítulo más del caos.

La Nación hoy discute a ritmo de trending topic. Misiones —y Posadas— tienen que discutir a ritmo de vida real. Caos vs. serenidad. Grito vs. gestión. Improvisación vs. planificación.

No se trata de negar el malestar: al contrario. La motosierra seduce porque promete “orden” a quienes están cansados. Pero el dato duro dice que ese orden, por ahora, se parece demasiado a una casa donde dos de cada tres no llegan a fin de mes y donde la deuda se vuelve rutina.

Por eso, la épica misionera no puede ser reactiva ni moralizante. Tiene que ser positiva y propia: orgullo misionero, desarrollo regional, frontera productiva, turismo y comunidad; pero, ante todo, un mensaje simple y verificable: acá, sin tanto ruido, se gobierna para que la gente aguante mejor el golpe.

Esa es la manera de gobernar sin quedar atrapado en el ruido: no competir por adrenalina, sino construir confianza. Y en tiempos donde el bolsillo tiembla, la confianza —bien trabajada— es el capital político más escaso y más valioso.