Mientras la Nación profundiza el ajuste, Misiones elimina 114 cargos jerárquicos y sostiene empleo

Van más de dos años desde que el Presidente asumió prometiendo ordenar primero y crecer después. El Congreso acompañó con leyes. La pregunta empieza a ser incómoda: ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que el crecimiento deje de ser PowerPoint y se convierta en empleo?.

Sábado, 28 de febrero de 2026 - 23:51 hs.
Mientras la Nación profundiza el ajuste, Misiones elimina 114 cargos jerárquicos y sostiene empleo

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El país entra en un semestre que no promete precisamente primavera. No hablamos del clima —aunque el termómetro económico también marca frío— sino de una sequía de recursos que ya se siente en la caja. Caen la recaudación y la coparticipación, la Nación profundiza el ajuste y la economía sigue en modo “próximamente”. El consumo no despega, la inversión privada parece estar buscando estacionamiento y el crédito continúa siendo una especie en extinción.

El paisaje es conocido: ahogo financiero, industrias que reemplazan producción local por importaciones más baratas y menos demanda de trabajo misionero y argentino. Cuando una fábrica decide traer de afuera lo que antes hacía en casa, no es un tecnicismo: son menos turnos, menos horas extra y más silencios en la línea de producción. Es recesión con nombre y apellido.

Y si la actividad cae, la recaudación también. Si la Nación recorta y elimina transferencias, el margen provincial se angosta hasta volverse una rendija. La macro se ordena —dicen—, pero la micro todavía no encuentra la puerta de salida.

Van más de dos años desde que el Presidente asumió prometiendo ordenar primero y crecer después. El Congreso acompañó con leyes, delegaciones y reformas profundas. La pregunta empieza a ser incómoda: ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que el crecimiento deje de ser PowerPoint y se convierta en empleo? Porque el trabajo no aumenta por decreto motivacional. Cuando el consumo se retrae y la producción se achica, lo que crece no es el salario: es la deuda. La tarjeta termina reemplazando al recibo.

La reforma laboral fue presentada como llave maestra. Pero si la economía no arranca, ninguna llave abre una puerta que no existe. La imagen de cientos de jóvenes compitiendo por un solo puesto formal no es una postal urbana: es el retrato de un mercado que no absorbe mano de obra al ritmo que la sociedad necesita.

También hay una autocrítica pendiente. Parte de la sociedad —incluidos empleados públicos— respalda el discurso del ajuste general, pero exige recomposición salarial por encima de la inflación. La contradicción es evidente: no se puede pedir un Estado más chico y, al mismo tiempo, reclamar que ese Estado pague más, brinde más y subsidie más. La aritmética no suele ser ideológica.

Misiones, por su estructura productiva, siente estos ciclos con más intensidad. Las economías regionales dependen del transporte, del mercado interno, de la obra pública y del crédito. Cuando el engranaje nacional se frena, en la periferia no se desacelera: se sacude. Por eso se habla de un semestre seco. No por dramatismo, sino por experiencia.

En ese escenario, el Gobierno provincial intenta jugar otra partida: administrar con prudencia y hacer lo posible con herramientas limitadas. Se anunció la eliminación de 114 cargos jerárquicos para simplificar estructura y cuidar recursos. No hubo cadena nacional ni música épica. Fue más bien un mensaje silencioso: si faltan ingresos, primero se ordena la casa.

En paralelo, se firmaron convenios con el Consejo Federal de Inversiones por 5.500 millones de pesos destinados a PyMEs, con foco en sostener y generar empleo. La consigna es sencilla, aunque poco glamorosa: poner los pocos recursos donde más trabajo puedan multiplicar.

La lógica es micro antes que declamatoria. Los programas Ahora volvieron a marcar récords de ventas en 2024 y 2025, inyectando casi 100 mil millones de pesos en el mercado local el año pasado. No resuelven la macro —nadie pretende tanto—, pero amortiguan el golpe. Sostienen comercio, consumo y empleo. Las inversiones en EFAs antes del inicio de clases, las recorridas por fiestas productivas como la del Té en Campo Viera, la presencia territorial: menos discurso y más gestión.

Entre referentes provinciales empieza a tomar forma una corriente silenciosa: bajar el tono, trabajar más y hablar menos. En tiempos donde sobran gritos y faltan resultados, la administración callada puede convertirse en estrategia. Gobernar como minoría aun teniendo mayoría: prudencia, austeridad y cercanía. No es épico, pero es eficaz.

Nada de esto elimina las tensiones que vienen. Cuando faltan recursos, sobran reclamos. Gremios presionan, empresarios advierten, la sociedad se impacienta. Es lógico. Pero también es cierto que Misiones arranca desde una cultura fiscal históricamente austera y con un Estado que no luce sobredimensionado respecto a su población.

El desafío del semestre es doble. A nivel nacional, que la promesa de crecimiento deje de ser una expectativa diferida y se convierta en realidad palpable. A nivel provincial, resistir la sequía sin romper el tejido social. Porque la economía no se ordena solo recortando. Se ordena cuando vuelve a crecer.

Y crecer, en una provincia como Misiones, no es un eslogan. Es cuidar el empleo, sostener a quienes producen y no abandonar a quienes necesitan del Estado para atravesar la tormenta.

Porque en tiempos secos, más que discursos, lo que hace falta es que vuelva a llover trabajo.