Consumado el encuentro antivacunas en el Congreso de la Nación, organizado por la diputada nacional del PRO de Chaco, Marilú Quiroz, con la autorización del presidente de la Cámara de Diputados, el ultraderechista Martín Menem, surgieron numerosos comunicados de condena y rechazo ante la postura oscurantista que desalienta la vacunación en Argentina, que se encuentra en su mínimo histórico, en torno al 46%.
En ese escenario, la Sociedad Argentina de Inmunología difundió un crítico comunicado bajo el título “Posicionamiento Intersocietario sobre Vacunación en todas las etapas de la vida”. El documento que fue concluido el 29 de noviembre y difundido ayer, cuenta con el aval de la Sociedad Argentina de Virología, la Sociedad Argentina de Pediatría, la Sociedad Argentina de Medicina, la Asociación Argentina de Microbiología, y la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología, entre otras entidades.
“La vacunación es, junto con el acceso al agua segura, una de las intervenciones sanitarias que más vidas ha salvado en la historia. A nivel mundial, con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que los programas de inmunización han evitado al menos 154 millones de muertes en los últimos 50 años, es decir, unas 6 vidas salvadas por minuto, la mayoría en menores de 5 años. Hoy, con datos de UNICEF, se calcula que la vacunación previene alrededor de 4,4 millones de muertes por año en el mundo”, sostiene el documento que puede leerse completo, al final de este artículo.
De acuerdo con el documento difundido por la SAI y otras entidades, “modelos recientes estiman que, entre 2021 y 2030, las vacunas contra 14 patógenos (incluyendo sarampión, neumonía, diarrea por rotavirus, hepatitis B, entre otros) evitarán alrededor de 51,5 millones de muertes si se alcanzan las metas de cobertura de la Agenda de Inmunización 2030.”
Asimismo, detallaron que “la cobertura global de la vacuna triple bacteriana (DTP3), indicador clásico de la vacunación infantil, alcanzó aproximadamente el 85% en 2024; aun así, 14,3 millones de niños no recibieron ninguna vacuna (…) y millones más están parcialmente vacunados.”
En esta línea, la SAI insistió en que “los modelos de impacto sugieren que las vacunas contra COVID-19 evitaron cerca de 19–20 millones de muertes en el primer año de su implementación a escala mundial, incluso en el contexto de una pandemia sin precedentes. Este dato refleja el valor de contar con plataformas de vacunación capaces de responder rápidamente frente a nuevas amenazas”.

Luego de hacer un repaso sobre los datos estimados de muertes que serían evitadas a nivel mundial por las vacunas contra la hepatitis B, contra el neumococo (Haemophilus influenzae tipo b) y el rotavirus, la SAI dedicó un párrafo a la situación del sarampión, una enfermedad evitable que está reapareciendo por la baja adherencia a la inmunización.
“La vacunación contra el sarampión redujo las muertes por esta enfermedad en un 88% entre 2000 y 2024, evitando casi 59 millones de fallecimientos en ese período. Antes de la amplia disponibilidad de la vacuna, el sarampión causaba cientos de miles de muertes al año. Gracias a las campañas de vacunación, los casos y las muertes disminuyeron de forma drástica”, explicaron desde la SAI.
“Sin embargo, la caída de coberturas en los últimos años ha llevado a un resurgimiento de brotes en varios continentes, lo que demuestra que, cuando se pierde la confianza o el acceso a las vacunas, las enfermedades reaparecen. Estos números muestran que la vacunación no es una recomendación ‘deseable’, sino una herramienta imprescindible para reducir mortalidad y morbilidad por enfermedades prevenibles”, recalcaron.
De acuerdo con la SAI, en el documento se plantea la importancia de la “vacunación a lo largo de la vida”, que incluye a grupos etarios diferentes –niños, adolescentes, adultos y personas mayores–, quienes “se benefician de distintos esquemas de vacunación según edad, comorbilidades y ocupación.”
Sobre este punto, la SAI describió los esquemas de vacunas empleados con los distintos grupos etarios y de riesgo, que son los siguientes:
Niños y niñas: constituyen el grupo que más vidas ha ganado gracias a las vacunas. Las series básicas (BCG, polio, DTP, hepatitis B, Hib, neumococo, rotavirus, sarampión-rubéola, etc.) son esenciales para reducir mortalidad infantil.
Adolescentes: vacunas como HPV previenen infecciones de transmisión sexual vinculadas al cáncer de cuello uterino y otros tumores; los refuerzos de tétanos, difteria y pertussis sostienen la protección comunitaria.
Adultos y personas mayores: vacunas contra influenza, neumococo, COVID-19, herpes zóster y otras reducen hospitalizaciones, complicaciones cardiovasculares asociadas a infecciones y mortalidad en grupos de riesgo.
Trabajadores de la salud: son un grupo clave, tanto por su mayor exposición como por su rol ejemplificador; mantener esquemas completos es una responsabilidad profesional y ética.

En síntesis, las sociedades científicas que firmaron este documento dado a conocer en las últimas horas, acordaron los siguientes puntos:
1. La vacunación es una política de salud pública esencial, respaldada por evidencia robusta que demuestra su capacidad para reducir mortalidad y morbilidad en todas las etapas de la vida.
2. Los beneficios superan ampliamente los riesgos, que son infrecuentes y, en la gran mayoría de los casos, leves y transitorios. Los eventos adversos graves son extremadamente raros y se monitorean mediante sistemas de farmacovigilancia.
3. Protegerse uno es proteger a los demás: al vacunarnos, reducimos la circulación de los patógenos y cuidamos a las personas más vulnerables (lactantes, personas con inmunodeficiencias, adultos mayores).
4. Los profesionales de la salud tenemos la responsabilidad de liderar con el ejemplo, manteniendo nuestros esquemas actualizados y recomendando activamente las vacunas indicadas a cada paciente.
5. La población general tiene un rol protagónico: consultar fuentes confiables, completar los calendarios recomendados y no postergar la vacunación por temor o desinformación es una forma concreta de cuidar la propia salud y la de la comunidad.
“Las vacunas no son una opinión: son una herramienta científica probada que ha cambiado la historia de la humanidad, evitando millones de muertes, discapacidades y sufrimiento evitable. Mantener y ampliar las coberturas de vacunación es una responsabilidad compartida entre los sistemas de salud, los equipos profesionales y toda la sociedad”, sentenciaron la SAI y las demás sociedades científicas en contra de las posturas antivacunas, de un verdadero “oscurantismo” avaladas por las autoridades de La Libertad Avanza en el Congreso de la Nación.