Femicidio de Irene Medina: el imputado declaró ante el juez que no recuerda nada

Andrés G. sostuvo en la indagatoria ante el magistrado Martín Brites, que estaba drogado el viernes en el que fue asesinada a golpes, la enfermera en Puerto Esperanza. Está imputado de homicidio agravado (femicidio), un crimen que prevé una pena de prisión perpetua.

Miércoles, 1 de octubre de 2025 - 11:23 hs.
Femicidio de Irene Medina: el imputado declaró ante el juez que no recuerda nada

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Avanza la causa penal por el femicidio de la enfermera Irene Elvira Medina (61), quien fuera asesinada a golpes en la casa de su empleador entre la tarde y noche del viernes 26 de septiembre. Se trata del séptimo femicidio registrado en Misiones en lo que va del año y el principal imputado, declaró en indagatoria ante el juez Martín Brites, negando tener conocimiento de lo ocurrido por estar bajo los efectos de drogas.

Andrés Darío Garcete (45) el principal imputado por el crimen prestó declaración ante el juez y sostuvo no saber quién mató a la víctima. Además, dijo recordar en forma fragmentada el día del hecho, porque venía consumiendo crack desde unas 72 horas antes. No obstante, Brites le hizo lectura de la acusación en su contra y le informó que continuará arrestado hasta que se resuelva en forma definitiva su situación procesal.

El delito de homicidio agravado por mediar femicidio, por el cual fue imputado Garcete, contempla la pena de prisión perpetua. 

El cuerpo de Medina fue encontrado el viernes a la noche en Puerto Esperanza, con “traumatismos graves en el rostro, con fractura de huesos que incluyeron la parte frontal de la calota craneal”. 

Según consta en los informes preliminares de la autopsia, la enfermera murió a causa de la fractura de vértebras cervicales, producto de la feroz golpiza que sufrió por parte de su o sus asesinos.

Femicidio de la enfermera en Puerto Esperanza: la víctima era madre de 8 hijos y sufrió un traumatismo facial gravísimo


La enfermera trabajaba como cuidadora del padre del sospechoso en la vivienda ubicada en el barrio Villa Nueva, en la zona céntrica de Puerto Esperanza. De hecho, Medina residía en el mismo barrio. Había salido el viernes 26 alrededor de las 15 hs., aparentemente para aplicar un inyectable al anciano que era su empleador.

Sin embargo, ya no se supo más de la víctima. Su hija de 21 años de edad, notó la ausencia de su madre y envió mensajes a su celular y también la llamó, pero no obtuvo respuestas. Ya era de noche y entonces la joven acudió a la comisaría a pedir ayuda e indicó a los efectivos dónde quedaba el domicilio.

Según fuentes consultadas por Agencia Hoy, en un principio, la policía no habría accedido al pedido para buscar a la enfermera. De hecho, los hijos de Medina llegaron a la vivienda del sospechoso antes que la policía. Alrededor de las 22 horas del viernes, cuando los uniformados se presentaron en la vivienda del empleador de la víctima, se entrevistaron con el acusado y percibieron su nerviosismo.

También trascendió que Andrés G., tenía heridas como de arañazos en el rostro, compatibles con un acto de defensa de la víctima. En ese contexto solicitaron al Juzgado de Instrucción de Iguazú, una orden para poder ingresar a la casa. 

En el inmueble donde reside el acusado con su padre –paciente y empleador de la víctima– los policías no encontraron a la mujer, pero cuando salieron al patio y revisaron con linternas un terreno baldío lindante, encontraron su cuerpo sin vida, boca abajo, al lado de una torre con tanques de agua.


De acuerdo con el diario Primera Edición, en la indagatoria de ayer, el acusado habría afirmado que ese viernes “consumió crack”, que lo venía haciendo desde el miércoles pasado e incluso no había comido nada. Dijo que “escuchó que los perros ladraban dentro de la casa, y seguro que era ella (por Medina), pero no vio cuando salió, que estaba en su pieza consumiendo”.

“La señora hacía las curaciones en la habitación de su papá. A eso de las 22 (del viernes) se presentaron los hijos de la señora, también estaba un vecino de al lado. Los salió a atender, pero les dijo que no sabía de ella. Después llegó su hermano con la policía”, habría declarado el acusado por el femicidio de la enfermera.

El acusado contó que “no sabía el nombre de la mujer y que ella trabajaba de lunes a sábado en la casa”. Con respecto a las marcas similares a rasguños que tenía en la cara, Andrés G. dijo que “no se acuerda y no sabe quién o cómo se las produjo”. 

Ante la pregunta directa si sabe quién mató a la mujer, respondió que “no” y que tampoco sabe quién llevó el cuerpo al lugar donde lo hallaron. Por último, dijo que “sí recordó haber ordenado los trofeos en la casa, pero que eso fue por la mañana del día del hecho”. No es un dato menor: uno de los trofeos tenía manchas de sangre, que podría pertenecer a la víctima. 


La enfermera víctima de femicidio, trabajó en el Hospital de Puerto Esperanza a fines de los años 80s, pero se mudó a Buenos Aires y renunció. Al volver ya no pudo reincorporarse y actualmente, se desempeñaba cuidando a ancianos y haciendo inyectables a domicilio, para sostener a su familia. Así lo revelaron fuentes consultadas por Agencia Hoy.

Medina era madre de 8 hijos –todos adultos– y fue descripta por su entorno como una mujer “trabajadora, solidaria y generosa”. No se descarta que haya realizado “guardias activas”, es decir, en negro, en el hospital local. Sus hijos e hijas son adultos que ya tienen hijos, por lo que Elvira era también abuela.

“Ella vivió trabajando toda la vida”, detalló una allegada a la víctima, que repudió el asesinato “a manos de un drogadicto”. “Cuidaba a un viejito y se iba a hacer una inyección, y ahí el otro se aprovechó”, sostuvo la fuente, en estricto off-the-record. “Se iba a hacer una inyección. El papá de ese tipo está en sillas de ruedas y se ve que ella se quiso defender”, añadió la fuente, sobre las heridas que tendría en el rostro, el acusado por el femicidio.