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La palanca y el apoyo

Publicado 29/11/2019 | 11:45

Mucha expectativa y ansiedad despierta en nuestro país el inicio de un gobierno nacional popular.

El martes 10 de diciembre será una jornada de fiesta y también una jornada histórica. En medio de graves fracturas sociales en el continente americano, Argentina resolvió su futuro inmediato a través de la voluntad popular. Y no es que no haya sido complejo el escenario, para la oposición a Mauricio Macri, llegar a este resultado sino que al ímpetu neoliberal del gobierno se le opuso la política y construcción de una alternativa. Y es así que en medio de un horizonte oscuro, entre persecuciones judiciales a Cristina Fernández, la prisión de compañeros, asesinatos por represión de las fuerzas de seguridad, castigó a trabajadores a través de tarifazos, quita de paritarias, inflación desbocada y cientos de miles de despedidos, la oposición supo generar los espacios de unidad para llegar a paso firme, a la creación del próximo gobierno 2019-2023.

¿Cómo decanta una victoria tan temprana? ¿Cómo puede ser que se tengan que ir los depredadores seriales si venían a quedarse por 8 o 12 años? Las respuestas varían según los elementos que se escojan para el análisis o perspectiva que se le dé al conjunto. Desde esta columna voy a destacar la estrategia cimentada por Cristina. Cristina Fernández de Kirchner, quién fue objeto de fuego cerrado por parte del poder económico en Argentina. Sus medios de comunicación alternaron un teatro de operaciones con Comodoro Py y establecieron un juego de pinzas para sacarla del camino. La guerra jurídica, conocida en el mundo como “lawfare” sirvió para acosarla una y otra vez. Sirvió para poner su nombre en las tapas de los diarios, alarmistas títulos televisivos y bombardear su nombre día y noche. Pero la dos veces presidenta de los argentinos no bajó los brazos, no renunció al liderazgo natural y sobre todo no se calló. Desde el 9 de diciembre de 2015, Cristina ya convertida en calabaza, hilvanó la construcción de una fuerza política amplia; un frente patriótico que aglutinó vastos sectores de la producción, de la educación, de la política, de la ciencia, del trabajo y las empresas e hizo despertar a millones de una pesadilla con una propuesta superadora. La alternativa a Mauricio Macri debía ser estructuralmente distinta a lo conocido en las vidrieras de la política argentina. No solo por el “deber ser” con el que es condicionado el sentido común ciudadano, sino por la dinámica que imprime el tiempo presente.

Poco antes de ser anunciada la fórmula presidencial que luego impulsó el Frente de Todos, Alberto Fernández esgrimió ante periodistas, con una dialéctica exquisita, la razón central de sus esfuerzos para convencer a Cristina Fernández de presentarse como candidata a presidenta; “la vez pasada Cristina me preguntó ¿y vos que crees que debería hacer? Y yo le dije: yo creo que solo podes ser presidenta” disparó a 8 días de la bomba política, y agregó “es Cristina, es el epicentro de la política argentina que está hablando” sostuvo el presidente electo. Y es ahí donde residen la palanca y el apoyo de una jugada que nadie vio, ni Alberto, ni las terceras líneas, ni la militancia territorial y ni siquiera el oficialismo que se protegía más de cada aparición de la presidenta de corazones que de la propia agenda de Mauricio Macri. Y es ahí donde explotaron los laboratorios de Cambiemos por el aire y se empezaron a esfumar los últimos intentos amarillos por aferrarse al poder político.

Es contrafáctico alentar hipótesis que no sucedieron y que probablemente fueron hipótesis de acción que esperaban sus acérrimos adversarios, pero volviendo a lo real, a lo fáctico, a lo que sucedió; soltar en el campo de juego a Alberto Fernández, llevándose toda la marca personal, multiplicar las bocas de fuego de referentes políticos que adhirieron a la estrategia con la velocidad de la luz, sumar a espacios que durante su gestión la agredieron abiertamente e invertir la correlación de fuerzas pasando de la defensa al ataque es de mínima, extraordinario.
Con la fuerza de una copa que se llena velozmente, el frente armó un rompecabezas de mil piezas en corto tiempo. Enfrentó una elección presidencial que muchos creían perdida, inclusive viejos aliados, que se creyeron “alados”, jugaron sus fichas en soledad, debiendo torcer el capricho por una acción más coherente con su tamaño.

Como sea, la decisión estratégica de Cristina Fernández, anunciada el 18 de mayo de 2019 pasadas las 9 de la mañana, actuó como efecto dominó y  fue rápidamente celebrada por una serie de gobernadores que armaron la primera línea defensiva. Alberto inició uno de los más duros trabajos, ampliar la base electoral y recoger los heridos de antaño. Cristina hizo apariciones puntuales y circunscribió su exposición pública bajo el formato de la presentación de su libro “Sinceramente” por todo el país, apuntalando al núcleo incondicional.

No hubo posibilidad alguna de reacción. Tras la derrota en las PASO, el Presidente fue obligado a recorrer 30 ciudades para buscar una remontada que nunca llegó. Apenas la franja sojera se animó a tanto, dibujando un cinturón amarillo en el mapa de la Patria, pero esa franja fue contenida desde el norte y el sur argentino diciendo con autoridad: Basta Macri.

En Misiones también el triunfo del Frente de Todos sacudió las estanterías mejor atornilladas, sin embargo no demoró mucho el intento de bajar el precio a tal osadía. Cristina Britez alcanzó la reelección producto de un trabajo incansable en dos planos; el político territorial recorriendo la provincia de punta a punta varias veces ida y vuelta, escuchando a los vecinos y resolviendo cuanta situación estuviera al alcance de su mano o de alguna gestión y el otro fue el trabajo parlamentario votando siempre en defensa de los intereses de los más necesitados y siempre en sintonía con el FPV, banca que mantuvo incólume y desde allí denunció los estragos que la gestión Cambiemos le hizo a la provincia. Otros prefirieron leer la reelección como un misil teledirigido desde el Instituto Patria y quizá tengan razón ¿Qué otro gesto habría podido tener CFK con nuestra Cristina luego de tanta lealtad? y no hubo espátula que lograra separar la sólida correspondencia política entre ambas. Tal es la nueva dimensión proyectada por el triunfo, que crecen los anillos territoriales decididos a caminar bajo la consigna nacional y popular y con fuerte raigambre en Cristina Fernández de Kirchner.

Quizá el lector apresurado pueda intentar adelantarse en este tímido vuelo de reconocimiento y decir que en la provincia la adhesión a CFK lleva larguísimos años, y es verdad; sin embargo, el fenómeno que se evidencia desde el 27 de octubre es que decenas, centenares de jóvenes se acercan al Frente de Todos, a Unidad Ciudadana, al Partido de la Victoria o a alguna otra organización para sumarse a militar decididamente por un proyecto político emancipador, lejos de la comodidad del hogar mientras todo pasa. Éste fenómeno es indicativo del surgimiento de algo nuevo, algo que nació en esta última contienda electoral y se llama liderazgo; el mismo está vinculado a la figura de Cristina Britez y esto, naturalmente, pone nerviosos a los inexpertos y estresa a los más baqueanos. Mientras tanto, la construcción ya está en marcha y va a estar signada por el trabajo político de todo aquél que se referencie en Cristina Fernández de Kirchner sin ambages, ni segundas intenciones.

Habrá que contarle a nuestros hijos y nietos,  a nuestros chicos en edad escolar, a los miles de jóvenes universitarios o secundarios que Misiones es profundamente peronista y que el peronismo está en las venas de la tierra colorada, en su ADN y que es menester comprender la lealtad, admiración y reconocimiento de nuestro pueblo a la figura de Cristina, porque fue quien nos devolvió peronismo y felicidad durante tantos años junto con Néstor. Y también habrá que contarles que la provincia tiene lo que con afecto decimos “soldados y soldadas de Cristina” defendiendo las mismas ideas, luchando por la misma liberación económica, la misma soberanía política y la misma justicia social. Por eso es bueno calentar motores para quienes somos ante todo militantes políticos, para llevar adelante la tarea de concientización en medio de fuertes intereses corporativos y mezquinos.

En pocos días comenzará el Gobierno de Alberto Fernández, habrá que destapar muchas ollas para conocer los desaguisados que deja la gestión de los chetos “todopoderosos”. A no tener temor, hay que recuperar la alegría del pueblo argentino y eso se consigue con pan, techo y trabajo. Apoyar a Alberto en este trance es más o menos parecido a garantizar el plato de comida en la mesa de cada familia. No importa dónde te encuentres, si estás en Misiones o en cualquier rincón del país, como dice Joaquín Levinton y sus Sponsors, hay que bancar.

Por Sergio Centenaro
Periodista, músico, militante político