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Liderazgo, salud y tecnología: aprendizajes en tiempos de coronavirus

Publicado 31/03/2020 | 11:30

Nos bombardean con el “quedate en casa”, mientras pasan los días y se amontonan los gastos y las deudas. Les precarizades seguimos sin respuestas a la crisis.




La economía regional podría perder 1,8% de su PIB en 2020, afirmó la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena. Y, en efecto, vamos camino hacia una recesión de doble dígito. “Será una recesión cuyo único referente es la depresión de los años treinta del siglo pasado”, afirmó Bárcena sin ninguna clase de matiz o de eufemismo característicos del discurso de estas entidades multilaterales.


En relación con lo anterior, debemos dimensionar dos cuestiones interconectadas: por un lado, la carga negativa que ya acarreaba la economía global, dado que China se venía desacelerando, y los países desarrollados empezaban a resentirse ante el golpe originado por la batalla comercial que inició Estados Unidos y, por el otro lado, ante la pandemia de Covid-19, el problema actual es que el impacto nocivo proviene tanto del lado de la oferta como de la demanda mundial, pues afecta al factor más importante para cualquier economía: el recurso humano en su faceta central, que es la salud.

En Latinoamérica, donde una buena parte de la población es muy vulnerable a shocks de ingreso, deberemos lidiar con la caída de precios de las materias primas. Además, se intensificará la aversión al riesgo y el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales. Y con una menor demanda de activos financieros de América Latina y el Caribe, se produce una fuerte depreciación del valor de las monedas nacionales, que ya han sufrido una pérdida nunca antes vista.

En dicha dirección, tengamos presente que, en nuestra región, del total de las compañías, el 80% son pequeñas y medianas empresas (pymes), responsables de más del 50% del empleo, según datos del Banco Mundial. Además, las pymes representan 11 millones de emprendimientos en los distintos mercados latinoamericanos. En adición, y dato no menor, consideremos también la dependencia económica de diversas zonas con respecto al turismo, que indefectiblemente también se verá resentido.

Y en el caso argentino, varias voces han levantado una alerta ante las medidas tomadas por el Gobierno: paralizar la actividad productiva en un país donde una gran proporción de las familias genera sus ingresos con trabajo informal podría producir costos en el entramado social más elevados que los generados por la enfermedad. Consideremos, pues, que el 22% de las casas tiene como jefe a un asalariado no registrado, y dentro de dicha cifra, el 43% corresponde a familias pobres. Asimismo, el 23% de los hogares tiene como jefe a un cuentapropista, de los cuales, el 35% está por debajo del índice de la pobreza.


Hacia un liderazgo empático y asertivo

Ahora bien, expuesto el cuadro con estos colores, ¿qué debemos hacer quienes, desde nuestras empresas, tomamos decisiones?

En primer lugar, más allá de determinar si nos inclinamos por el teletrabajo, por la flexibilidad horaria o por el cierre completo del espacio laboral, los responsables de gestión de personas debemos tener en claro lo siguiente: estamos atravesando una etapa clave para el futuro inmediato y el mediato de nuestras empresas.

Ante la novedad, hay que seguir a rajatabla las medidas de prevención e incluso potenciarlas. Y frente a modelos de negocio en los que el trabajo se hace indispensablemente de forma presencial, hay que afrontar cada caso humano en particular, entenderlo y dialogar para determinar cómo se puede lograr una flexibilidad mayor. Para eso, existe una infinidad de herramientas digitales que favorecen el teletrabajo y distintos tipos de mix, que, por reticencias culturales, muchísimas compañías no han implementado todavía. Esto, siendo optimistas, podríamos verlo como un aspecto positivo de la emergencia: la posibilidad de transformarnos y adoptar tecnologías que favorezcan la productividad.

También debemos ser plenamente conscientes de que los empresarios construimos realidades y que somos responsables por ellas. Por esta razón, hay que dejar de manifiesto, una y otra vez, que lo primordial es la salud de nuestros equipos.

Y una vez garantizada la salud, al menos en sentido llano, podemos reflexionar sobre el sentido integral del concepto de salud, tal como lo entiende la Organización Mundial de la Salud (OMS). ¿Qué sucede, por ejemplo, con el malestar en el caso del colaborador que debe asistir a la empresa porque su puesto es imprescindible en términos de productividad y no existen posibilidades de suplir su presencia mediante el teletrabajo? Y planteada la ecuación en términos de productividad estrictamente, ¿cómo impacta el estado de ánimo de ese empleado en su rendimiento? ¿Al final del la jornada, qué sucede con los frutos de quien está preocupado porque su padre, perteneciente a la población de riesgo, está cuidando a su hijo, niño que puede transmitir el virus, pero no manifestar síntomas, y debe estar en casa porque el colegio está cerrado?

Algo muy importante es informar de forma responsable y constante: reforzar las recomendaciones sanitarias, profundizar los protocolos internos de comunicación y estar en permanente ida y vuelta entre todos los miembros de los equipos. Evitar el contagio es lo fundamental.

Sea como fuera, ante este panorama de dificultad y de complejidad, se presenta para todos nosotros la necesidad imperiosa de tomar decisiones: decisiones con criterio, razonadas correctamente, midiendo qué necesitamos y poniendo la mira hacia dónde queremos llegar. Ahora debemos aprovechar para incrementar los beneficios de la tecnología para sacarles la delantera a nuestros competidores a través del catalizador del mejor activo en nuestras empresas: el recurso humano.





* Norberto Lembo - doctor en Economía