“Mucha gente todavía no recibe los beneficios” del plan
económico y financiero instrumentado por Javier Milei y compañía, reconocía
horas atrás el secretario de Política Económica, José Luis Daza.
La economía alcanzó “un equilibrio absolutamente robusto”,
añadía, y el principal desafío de una nueva etapa es trasladar esa estabilidad
macroeconómica a la actividad económica casi paralizada en cuanto al mercado
interno y al crédito que la potencie.
Sin embargo, la tendencia parece no ir en el sentido
señalado por el viceministro de Economía, ya que los datos brindados por el
Banco Central (BCRA) muestran una fuerte caída del financiamiento destinado al
consumo, con un stock total de préstamos en pesos apenas superior al 9% del
PBI.
De acuerdo al Central, el crédito bancario en pesos se ubicó
en el 9,2%, extendiéndose hasta el 12,3% en los casos que suman créditos en
moneda extranjera. Así, la Argentina cuenta con el nivel de préstamos más bajo
de la región, siendo en promedio del 47% su ratio crédito-PBI en América
Latina.
Cae la financiación bancaria al consumo
Por eso y al contrario de los sugerido por Daza, en junio
los préstamos personales y la financiación con tarjeta de crédito volvieron a
bajar. Durante el sexto mes del año, los préstamos bancarios tuvieron un leve
ascenso (+0,3%) dentro del stock total en pesos dirigidos al sector privado, y
al mismo tiempo una contracción (-0,8%) en los préstamos para el consumo
destinados a las familias.
De acuerdo a datos del informe monetario mensual del
Central, el financiamiento con tarjetas de crédito cayó 4,2% con relación a
junio del año pasado, y los préstamos personales también bajaron el 1,1% de
forma interanual.
Sigue en alza la morosidad
Lo que no baja es la morosidad en la regularización del pago
de créditos bancarios: informes privados señalan que la alteración que se da en
los préstamos para el consumo ascendió de 12,1% en el mes de abril a 12,7% en
mayo; en el caso de las empresas, la variación saltó del 3,3% al 3,5%.
En este marco, hace meses que las entidades bancarias no
incentivan la colocación de nuevos préstamos: por un lado, no hay demanda y,
por el otro, necesitan acomodar y reducir sus riesgos ante la alta morosidad;
es decir, ante todo quieren que sus clientes paguen las cuotas adeudadas.
Por eso, antes de financiar a las familias y a las empresas,
los bancos dan prioridad a la colocación de sus fondos en la deuda pública,
para esperar el momento propicio para colocar financiamiento de forma más
agresiva.
Fuente: M1