“Estamos atravesando una
situación judicial muy compleja para Alejandra y su hija que es menor”, con
estas palabras inició la entrevista, la abogada defensora de la denunciante, Micaela
Pereira.
Esta semana se conoció su caso en
los medios de comunicación. Se trata de una madre que junto a su hija decidieron
salir de Buenos Aires y radicarse en Oberá para alejarse las situaciones de
violencias psicológica y económica sufridas por parte del progenitor de la
menor.
Sin embargo, tanto la justicia de
la Ciudad de Buenos Aires como el juzgado de la localidad obereña hicieron
oídos sordos a los reclamos, dejándolas sin protección a ambas.
La denuncia inicial fue radicada en el Juzgado Civil 85 de CABA,
pero a pesar de contar pericias psicológicas, realizadas por la Oficina de Violencia
de Género, donde se establecía un riesgo medio para la denunciante (podría recibir
medidas como botón antipánico o restricción), el juez a cargo de la causa, resolvió
desestimar las pruebas en cuestión, explicó la letrada.
Pereira, relató, que, ante el creciente hostigamiento sobre
su representada y la niña de 9 años, y ante la imposibilidad de lograr una estabilidad
económica, decidió buscar refugio en Misiones. Pero la situación sigue
empeorando.
Según la abogada el padre de la pequeña tiene un estatus
económico tal que traba las posibilidades laborales de la madre, es decir, le
imposibilita contar con un sustento estable. Incluso detalló que ambas tuvieron
que dormir en un sótano prestado por la familia de una compañera de la nena.
Una vez en la tierra colorada, la madre volvió a denunciar a
su expareja por su accionar. Pero el Juzgado Familiar N° 1 de Oberá le denegó
la posibilidad de resguardarlas, ya que se declaró incompetente porque
supuestamente el centro de vida de la niña era Buenos Aires y los principales
hechos sucedieron ahí.
Cabe mencionar que tanto la mujer cono su hija se encuentran
residiendo hace un tiempo en la ciudad obereña, incluso la pequeña está
escolarizada allá. Es decir, quedaron sin ningún tipo de protección, tal es así
que reciben amenazas de manera permanente en sus teléfonos. Una de las más preocupantes
para la menor, es que se la llevarían con el padre.
“Encontramos a un progenitor que no se dignó a pasar una
cuota alimentaria y ahora se acuerda que es padre, quiere la restitución y pero
no ofrece un hogar” para su hija, sentenció la abogada en diálogo con medios
locales.