El relato oficial exhibe equilibrio fiscal, desaceleración inflacionaria y una baja estadística de la pobreza. Sin embargo, los datos del mercado de trabajo y la actividad productiva configuran otro cuadro: una economía que crece de manera selectiva, con escasa generación de empleo y pérdida de poder adquisitivo.
Según el INDEC, la desocupación alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, con una suba interanual de más de un punto porcentual. Esto equivale a alrededor de 1,6 a 1,7 millones de personas sin trabajo, en un contexto donde además crece la informalidad y el empleo precario.
El deterioro no se limita al nivel nacional. En Misiones, los datos oficiales muestran una tendencia aún más marcada.
Misiones: empleo en retroceso y actividad debilitada
La provincia pasó de 2,7% de desocupación en 2023 a 4,8% en 2025, según el INDEC. El incremento, superior al promedio nacional, refleja el impacto de la caída de la actividad en sectores intensivos en empleo.
En el aglomerado Posadas, el IPEC registró una desocupación del 4,3% y subocupación superior al 10% a mediados de 2025. Es decir, no solo hay más personas sin trabajo, sino también más trabajadores que no logran completar ingresos suficientes.
La dinámica coincide con un fenómeno nacional: los sectores que más empleo generan —comercio, industria y construcción— son los más afectados por el ajuste.
Yerba mate y economías regionales bajo presión
El esquema de desregulación y apertura impactó de lleno en las economías regionales. En Misiones, el sector yerbatero enfrenta precios deprimidos y mayores costos, en un contexto de retracción del consumo interno.
Aunque la producción primaria se mantiene, la rentabilidad se reduce. Esto se traduce en menor circulación de ingresos en las localidades del interior, donde la yerba funciona como motor económico. La cadena se resiente: productores, secaderos, transportistas y comercios locales.
Comercios cerrados y consumo en caída
El enfriamiento del consumo aparece como uno de los efectos más visibles. A nivel nacional, ya se contabilizan más de 22.000 empresas cerradas desde el inicio de la actual gestión.
En ciudades de Misiones, el fenómeno se replica en menor escala, pero con fuerte impacto local:
• locales que no logran sostener costos fijos,
• caída en ventas de productos básicos,
• retracción del crédito y del consumo cotidiano.
El resultado es una economía más chica en términos reales, donde la recuperación de algunos indicadores no se traduce en mejora generalizada.
Empleo más precario y salarios debilitados
El mercado laboral no solo muestra más desocupación, sino también una transformación en su calidad. Crecen las ocupaciones informales y de baja productividad, mientras retrocede el empleo registrado.
Entre 2024 y 2025, el empleo privado formal cayó y fue parcialmente reemplazado por trabajo informal. A la par, los salarios quedaron por detrás de la inflación en varios períodos, erosionando el poder de compra.
El impacto es directo: aun quienes tienen trabajo enfrentan mayores dificultades para sostener el consumo.
Un modelo con resultados desiguales
El balance exhibe una brecha cada vez más visible entre indicadores macroeconómicos y realidad cotidiana. La actividad crece en sectores de alta rentabilidad y baja generación de empleo —finanzas, minería, energía— mientras se retraen los rubros que sostienen el entramado social.
En Misiones, esa asimetría se expresa con claridad:
• aumento del desempleo,
• presión sobre la producción yerbatera,
• debilitamiento del comercio local.
El programa económico logró ordenar ciertas variables, pero su impacto territorial y social muestra un desenlace adverso en amplios sectores. La pregunta abierta es si ese esquema puede sostenerse sin recomponer empleo, consumo y producción en las economías regionales.