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Las enseñanzas que el año nos dejó

Publicado 16/12/2018 | 10:10

LO QUE LEERÁN ahora es el último #PuenteAereo del año. Evitaré hacer el típico inventario de lo que nos salió bien o mal, para eso ya hay otros espacios de lectura dominical que seguramente se ocuparán de eso en su debido momento. Además, es evidente cómo nos fue. Simplemente comenzaré por preguntarme si el traumático 2018 ¿nos dejó algún aprendizaje? Si, lo dejó y es por eso que creo que podremos desearnos entre todos, con absoluta certeza y confianza, un mejor 2019.

De alguna manera, el enfoque que pretendo hacer se ajusta a la naturaleza de la democracia. En otros regímenes políticos, como por ejemplo la oligarquía o la autocracia, los que aprenden –o no– son quienes forman parte del poder. En las democracias ocurren otras cosas, porque el aprendizaje es de carácter colectivo.

En la democracia es el pueblo entero el que aprende. Y aquel aprendizaje suele verse reflejado cada vez que se acude a las urnas. Si los argentinos hemos aprendido algo durante éstos últimos tres años, seguramente sabremos elegir las mejores opciones durante las diferentes postas electorales que se nos presentarán el próximo año.

Mi padre solía decir que los sabios no aprenden sólo de sus errores, sino que también de la observación de los errores de los demás. Y de la observancia de las democracias –ya he dicho en ediciones anteriores que debemos ver más allá de las fronteras de la Tierra Sin Mal– aprendemos, en definitiva, que en la democracia, al igual que en la vida misma, el error enseña.

Lo que sabemos del año que está por finalizar es que una cadena de malas decisiones políticas y económicas nos arrastró hacia el incierto terreno de la falta de previsibilidad, y la consecuente desconfianza e inestabilidad. Un cocktail que tiene un alto costo y que siempre lo termina pagando el pueblo. Por no haber aprendido viejas lecciones, los argentinos nos vimos obligados a volver a transitar por la senda de la inflación, la recesión, el desempleo y la pobreza.

No observar aquella realidad sería negar la evidencia del error, algo que sólo haría un ignorante. No quisiera caer en aquella falsa y mediocre justificación que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. La ignorancia no reside en la inteligencia sino en la voluntad. Si los argentinos ya hemos caminado por la senda que señalé en el párrafo anterior, arribaríamos a la conclusión de que lo nuestro no fue falta de conocimiento. Ahora cabría preguntarnos si nuestro saber colectivo carece de la voluntad que se necesita para aprender o simplemente nos negamos a hacerlo.
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LA RENOVACIÓN, COMO colectivo político, supo aprender de sus errores del pasado. Su clave es la previsibilidad política, lo que genera confianza y estabilidad. El gobierno de Hugo Passalacqua demostró resultados, logró una gestión cuantificable en una época de crisis e incertidumbre.

La provincia no tomó deuda, ejecutó una serie de medidas económicas que apuntaron al incentivo del consumo, consiguió el arribo de capitales que siembran fuentes de trabajo genuinas. Los salarios públicos se pagaron en término y se trabajó para contener a los diferentes sectores de la economía. Creer lo contrario sería, simplemente, negar la realidad.

Una reciente encuesta de opinión pública realizada en la ciudad de Posadas de 1.400 casos –cuyo contenido me es imposible desplegar debido a un paraguas legal de confidencialidad– señala claramente que el setenta y seis por ciento de los encuestados cree que el partido político que lidera el diputado Carlos Rovira garantiza una estabilidad que va más allá de quién gobierne el país. Evidentemente, un importante sector de la sociedad misionera aprueba que la Renovación esté dispuesta a negociar con el kirchnerismo, con el PRO, o con cualquiera que tenga la posibilidad de llegar a la Casa Rosada. El dato, digno de un estudio sociológico más profundo, marca lo que para algunos hasta resultaría lógico: es legítimo que el ciudadano abrace un horizonte de estabilidad y camine tras la esperanza de oportunidades. Le Conducteur fue uno de los ganadores del año. Quedó demostrado que tanto Sergio Massa como Felipe Solá, cada uno por su lado, hicieron todo lo posible para que se supiera que durante sus respectivas visitas a la Tierra Sin Mal iban a mantener una reunión con el presidente de la Legislatura. Lo mismo había hecho en su momento el salteño Juan Manuel Urtubey.

El pasado lunes, el exjefe de Gabinete de Néstor y parte del gobierno de CFK, Alberto Fernández, durante una entrevista a LT4, elogió “el maduro trabajo que se hizo en la provincia por parte del Frente Renovador que conduce Rovira”. En los últimos meses, el kirchnerismo de paladar negro también buscó entablar un diálogo directo con él.

Hasta el presidente Macri mantiene un diálogo directo con Rovira. ¿Por qué los principales dirigentes de la política nacional elogian el modelo de poder que construyó Le Conducteur? ¿Qué pasaría si Rovira decidiera salir de su zona de confort y aprovechar aquella reputación para sumarse a la construcción de un espacio político que vaya más allá de las fronteras de la Tierra Sin Mal?

Nadie puede negar que fue en #PuenteAereo donde nació el concepto de exportar el modelo de la Renovación y desde donde se observó el inteligente rol de la diplomacia parlamentaria que encabeza el presidente del bloque misionerista de la Cámara baja, el cultivador Jorge Franco. Ahora habría que preguntarse si Rovira está dispuesto a llevar adelante una avanzada más aguerrida sobre el territorio nacional. El escenario parece propicio.

Pero no todo huele a rosas en el fantástico mundo de la Tierra Sin Mal. La Renovación le debe al pueblo misionero una profunda reforma política y una mayor transparencia en la gestión de gobierno. Dos puntos no menores.

¿Cómo puede ser que un modelo político que presume de ser de avanzada siga sosteniendo la nefasta ley de lemas? ¿Cómo puede ser que no exista una carrera para los empleados del Estado? ¿Cómo puede ser que toda la prensa, organización no gubernamental o ciudadano, tenga acceso a la declaración jurada de bienes del Presidente o de cualquier funcionario de la Nación y en Misiones esa información sea secreta y esté bajo resguardo del Fiscal de Estado? ¿Cómo puede ser que en la Tierra Sin Mal no existan organismos de control en manos de la oposición? ¿Cómo puede ser que las leyes de transparencia y de acceso a la información pública terminen en un farragoso embudo burocrático?

La buena administración de los recursos del contribuyente no es suficiente en los Estados modernos. La transparencia y el rol de los organismos de control juegan un papel fundamental en el desarrollo de las democracias avanzadas. Seguramente aquellas transformaciones llegaran de la mano de un nuevo refresh. Será la neorenovación la que aporte el salto cualitativo, el marco teórico y el pacto político–social que establezcan políticas de Estado a largo plazo. La Tierra Sin Mal necesita un nuevo contrato social.
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LA HABILIDAD DE los renovadores desarmó los planes de la oposición. El aglomerado Cambiemos no logró avanzar posiciones en la Tierra Sin Mal ni con ayuda de la Casa Rosada.

La evidente ausencia de liderazgo y la falta de una estrategia en común quedó demostrada a la hora de tener que votar la presidencia de la Cámara de Representantes. Ni los radicales ni el PRO pudieron ponerse de acuerdo a la hora de votar un candidato, un papelón que dejó en evidencia la falta de consenso.

Los radicales no pudieron realizar ni una elección interna. La falta de apertura no solo generó un éxodo que se refleja en las encuestas, sino que además creo un clima de tensión que difícilmente podrá disiparse en el camino a las elecciones.

El aglomerado Cambiemos no pudo imponer una agenda local y quedaron prendidos a los desaciertos políticos y económicos de la Casa Rosada. Tampoco supieron armar acuerdos con otras fuerzas locales, probablemente por pura mezquindad y no por desacuerdos en cuanto a objetivos comunes.

Pero no todo es errado ni malo en el aglomerado local. Cambiemos tiene un componente humano muy interesante. Entre los radicales se podría mencionar al cantautor de los Junqueros y diputado nacional, Luis Pastori, que tuvo un destacado rol en la Cámara baja. Y entre los asociados al PRO al presidente de la EBY, Martín Goerling, que no le esquiva a la autocrítica y se anima a plantear una agenda de discusión local. También hay otros.

El Pays fue la única fuerza política que supo aprovecharse de los errores de la Renovación y del aglomerado Cambiemos. La destacada actuación del diputado Martín Sereno fue fundamental para poner sobre el tapete las problemáticas sociales que desde el establishment político se intentó ocultar debajo de la alfombra, ya sea por alianza estratégica o por mera complicidad.

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EN 2019 EL aglomerado Cambiemos no será reprobado si demuestra que aprendió de sus errores. Sus tropiezos en materia de política económica se lleva los premios. Lo que la ciudadanía toleró durante los tres años de la presidencia de Macri difícilmente lo vuelva a tolerar el próximo año.

Podríamos decir que el hombre es, por definición, un ser errante que sólo descubre su camino después de explorar los desvíos. Cuando no se acierta, el error es la antesala de la sabiduría. A la vista de los errores que hemos cometido en las últimas décadas, cabría preguntarnos: ¿habrá algún pueblo más humano y más sabio que el argentino?

Ahora volvamos al principio de la columna. Reflexionemos lo siguiente: Si la historia fuera lineal, es decir que si sólo hubiera en ella lo que vemos en la superficie, no cabría en el año que termina otra cosa más que frustración. Pero la historia no se escribe con una sola línea.

En la superficie, corre la línea de lo evidente. Pero debajo de ella corre una línea que marca, con una tinta que pocos pueden ver, lo que esa evidencia nos enseña. Es evidente cómo nos fue en 2018. Pero cabe preguntarnos si hemos aprendido algo de cómo nos fue. Allí está la segunda línea, allí está la zona secreta donde late la esperanza.

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PARA TIEMPOS NUEVOS no es necesario nuevas palabras, sí el ordenamiento de ellas. Frente a las fuerzas desordenadas de la historia, cuyo reflejo inmediato se puede observar diariamente en los ansiosos medios, es bueno apelar a la reflexión sobre los conceptos y ordenar las palabras.

También es necesario que los artículos de fondo tengan fondo y no que sean dirigidos por letras anónimas. Letras que subestiman a los avezados lectores hambrientos de conocimiento. Es necesario que las noticias falsas o dudosas no sean presentadas como verdaderas. A este conjunto de elementos, Albert Camus llamaba periodismo crítico.

Uno de los objetivos de #PuenteAereo fue el de despertar el sentido crítico en lugar de apelar a la inclinación hacia lo fácil.

#PuenteAero no fue más que un humilde esfuerzo intelectual para un lector sin prisa, un pequeño aporte al debate y al aprendizaje colectivo que nos permite la democracia.

#PuenteAereo renacerá el seis de enero, tendrá un soporte digital donde también se podrá leer la edición nacional y otras lecturas más o menos interesantes, más o menos audaces, más o menos irreverentes. Que tengan una feliz navidad y un exitoso año nuevo. Muchas gracias.