"11 Años de periodismo"

17:35 h | 01/07/2018

La ilusión no tenía claros argumentos

El final era previsible. Podría haber sido incluso en primera ronda. Sólo un gol milagroso prolongó la vida ese día. Lo mismo hubiese ocurrido si alguien conectaba el intento de Meza en el final: sólo habría servido para estirar la agonía. ¿O alguien podía ser optimista en el alargue contra un seleccionado más fresco, dinámico y convencido?

La selección terminó como jugó casi todo el Mundial: a lo que saliera. Con la centésima prueba de su técnico, que también decidió cambiar la formación que había jugado la mejor etapa de su ciclo. Además de coherencia, a Sampaoli increíblemente le faltó conocimiento. Para este último partido puso a Messi de falso 9, una posición en la que se desnaturaliza en este momento de su carrera. El colmo: en vez de potenciarlo, lo redujo.

Francia fue el golpe lógico. El que esta selección iba a recibir cuando se enfrentara contra un rival serio, bien armado y jugadores desequilibrantes. Lo que ya le había mostrado Croacia. Lo que varios seleccionados en octavos de final le ocasionarían, sobre todo al no haber logrado el primer puesto del grupo. Argentina fue un seleccionado vulgar con un par de individualidades prometedoras.

Llegó al Mundial sin saber quién sería el 4, el 6, el 5, su acompañante y el 9. Demasiado regalo. Se suma una selección de escasa jerarquía en varios puestos, con jugadores gastados. Un desperdicio rodear así a Messi, que encima jugó por debajo de lo imaginado y lo necesario.

El ciclo del técnico fracasó. El de algunos jugadores llega a su lógico cierre. Queda el buen recuerdo de años anteriores, no de su actualidad. Queda, también, el choque con la realidad. La certeza de que la ilusión no tenía claros argumentos.

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