"10 Años de periodismo"

07:25 h | 11/08/2017

Libertadores: Navarro fue el salvador del Ciclón que no tuvo juego ni rebeldía

Perdió 1-0 con Emelec en el Nuevo Gasómetro, pero se impuso 5-4 en la definición con dos remates atajados por Navarro




BUENOS AIRES.- Tal vez fue la falta de ritmo, de competencia. El torneo local está a varios días del comienzo, mientras en otras ligas hace tiempo que están en juego. Acaso, la realidad de los equipos argentinos está lejos de su mejor versión. Por algunas lesiones, por algunas ausencias, por algunos errores de los entrenadores o por un conjunto de esas situaciones, los equipos nacionales se mostraron erráticos, de capa caída, más allá del resultado final. La Copa Libertadores, de pronto, se convirtió en un trauma. San Lorenzo fue una decepción, perdió 1 a 0 con Emelec, pero se impuso en los penales por 5 a 4, con dos atajadas de Nicolás Navarro, digno sucesor de Sebastián Torrico. Y ahora jugará con Lanús por los cuartos de final.

La semana había comenzado con respuestas ambiguas en el juego, pero consistentes desde el resultado. Lanús venció a The Strongest por 1 a 0, pero en todo momento sufrió el partido, el contexto, el escenario y hasta el rival. River, una noche más tarde, con casi todas sus figuras estelares desde el primer minuto, sufrió la gota gorda contra Guaraní; empató 1 a 1 y sigue en carrera, al igual que Lanús, pero sus rendimientos dejaron al descubierto una realidad impensada tiempo atrás.

La derrota de Godoy Cruz contra Gremio puede situarse en el casillero de la dignidad, pero quedó eliminado y, de algún modo, también expresó ciertas dudas existenciales. San Lorenzo ya había tomado nota..., y sin embargo, tropezó. Sobre todo, desde la imagen.


Lo llamativo fue que los poderosos se sintieron inferiores en buena parte del desarrollo con elencos menores -en calidad, en presupuesto, en variantes-, que los tuvieron a maltraer. Un boliviano, un paraguayo y un ecuatoriano: equipos discretos, sin historia internacional y lejos de ser los gigantes de su tierra. Todo un símbolo, una señal de alerta para el fútbol argentino.

Siempre se sintió incómodo San Lorenzo. No supo cómo, ni cuándo, ni siquiera por dónde avanzar. Apenas Salazar, el lateral derecho, apenas incorporado, le marcó el camino con punzantes avances por su sector. No mucho más: ni Cerutti, ni Belluschi. El Ciclón fue una expresión de deseos, una formación errática, con venda sobre los ojos y un motor averiado, a media luz. Le alcanzaba el empate sin goles, ya que la victoria por 1 a 0 en Guayaquil le había dado cierto aire. Sin embargo, nunca estuvo seguro, confiado, entero. Y el público, como en los últimos tiempos, empezó a perder la paciencia.

Para peor, un cabezazo de Osbaldo Lastra, en el comienzo del segundo tiempo, lo mareó aún más. Atacó con decisión, pero sin claridad ni fundamentos. En el juego del ida y vuelta, Emelec se agigantó y hasta tuvo un par de ocasiones de riesgo. Los minutos finales fueron un torbellino de nervios y ansiedad. La expulsión de Oscar Bagüi supuso una ventaja fundamental para el Ciclón en los minutos finales, pero la confusión fue tan grande, que no entendió de formas. Tuvo actitud, pero fue una expresión desabrida.

A veces más cerca, en otras más lejos, pero este San Lorenzo siempre corrió de atrás en la presente Copa Libertadores. Nunca logró hacer pie del todo a pesar de la cosecha de cuatro victorias seguidas que lo colocaron de modo expectante. En uno de sus peores rendimientos del año, el Ciclón se salvó en los penales. Lo salvo, en realidad, Navarro, según consinó La Nación.

San Lorenzo falló en casi todo, fundamentalmente porque tenía una ventaja que no supo aprovechar. Su juego hace tiempo que tambalea: con Néstor Ortigoza también era un equipo de baja dimensión.

COMENTARIOS