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La fuga no es cosa de ricos

Publicado 31/05/2020 | 09:00

Los números falsos que utilizan los neoliberales para minimizar la deuda del gobierno de Mauricio Macri.

El tema reaparece constantemente en la prensa. Por ejemplo cada vez que se publica el Balance Cambiario del BCRA o la Balance de Pagos del Indec. También forma parte del debate político y hace a la esencia de algunas usinas de pensamiento crítico local. Hablamos de la “fuga de capitales”, a la que se presenta como la contrapartida del endeudamiento. Una contrapartida que, en rigor y como suele mostrarse con abundantes gráficos, no es un disparate, pero sí solamente una mera cuestión contable.

En las últimas semanas hasta el Banco Central presentó su investigación y el debate se trasladó luego al Congreso, que iniciará la propia. No será la primera vez, ya ocurrió después de la crisis de 2001, de la que también surgió un listado de “fugadores”.

La experiencia de gobierno de la Alianza Cambiemos resulta inseparable de la construcción mediática de posverdades. En el presente, el macrismo residual (la “residualidad” refiere al liderazgo, no en la pérdida de relevancia de la vieja derecha) vuelve a la carga e intenta construir un relato posverídico sobre el endeudamiento.

Para neoliberales sempiternos y radicales varios, la fallida experiencia 2015-19 heredó una deuda de 240 mil millones de dólares y “sólo” la llevó a unos 320 mil millones, “apenas” 80 mil millones de deuda nueva. El resto de los alrededor de 150 mil millones de dólares tomados, incluyendo los 44 mil recibidos del FMI, no serían más que rollovers (refinanciaciones) de deuda vieja a las que se habrían visto compelidos por la carga de las obligaciones, incluidos los juicios de los fondos buitre.

Una de las características de la posverdad consiste, precisamente, en tomar componentes de verdad, como el salto de deuda pública de 240 a 320 mil millones, para luego construir sobre ellos una mentira flagrante a través del artilugio de la repetición mediática dirigida a un público no iniciado.
Efectivamente el aumento de la deuda pública “sólo” fue de alrededor del 35 por ciento, pero como suele ocurrir con los grandes agregados de la macroeconomía, la verdad se encuentra abriendo el paquete y mirando los detalles. Por ejemplo la deuda en dólares, que es la que verdaderamente importa, pasó de 167 a 252 mil millones de dólares, es decir una suba de más del 50 por ciento y, aquí hay otro detalle, en tiempo récord. Luego, la deuda con organismos financieros pasó de 103 a 194 mil millones, casi se duplicó. Con los acreedores privados en tanto la deuda pasó de un equivalente de 56 mil a 118 mil millones de dólares, un aumento de más del 110 por ciento, de los que el 80 por ciento quedó denominada en moneda extranjera.

Sintetizando, para no perderse entre la catarata de números que siempre demanda tratar estas cuestiones, el macrismo solo aumentó la deuda pública el 35 por ciento, pero hizo crecer la deuda externa, es decir en divisas, en más del 50 y con organismos en más del 100 por ciento. Dicho de otra manera, dolarizó deuda y resubordinó la política económica a la injerencia de los organismos. Luego, fue el primer gobierno en la historia que defaulteó la deuda propia y, lo peor de todo, provocó una cesación de pagos de pasivos en pesos. Estos pocos detalles ponen en primer plano que sin posverdad a los cambiemitas sólo debería quedarles el silencio.

Las preguntas que siguen son dos, cuáles fueron las razones de ese endeudamiento y a dónde se fueron los dólares. La primera es la más fácil de responder. La idea central es que dada la restricción externa se necesitaban dólares para desarrollarse. Como esta restricción no se podía resolver en el corto plazo con exportaciones, era necesario endeudarse y para ello había que primero pagarle a los fondos buitre a fin “recomponer las relaciones con el sistema financiero internacional”. Hechas las paces a fuerza de pagar miles de millones “los mercados” volverían a confiar en la Argentina, se produciría la lluvia de inversiones y florecerían los dólares para pagar el endeudamiento. Parece ingenuo, pero se decía en serio. Dicho sea de paso, estas son las cosas que se enseñan en las carreras de economía de las principales universidades.

La segunda pregunta tiene una respuesta más compleja. ¿A dónde se fueron los dólares? El macrismo ensayó la idea del gradualismo. Se decía que el ajuste deseable del gasto público no podía hacerse a la velocidad deseada y entonces el déficit interno, en pesos, debía financiarse, con endeudamiento en dólares, como si efectivamente los sueldos de policías y maestros fuesen en divisas y no en pesos. Se trató de pura ficción instrumental y una verdadera falacia económica, por no decir un disparate teórico. La verdad es que los dólares se fugaron ¿Pero qué quiere decir que se fugaron? Sin pasar por las arduas explicaciones contables de los rubros de los balances cambiarios y de pagos, significa que se usaron para financiar la dolarización de los excedentes económicos, un proceso que, con distinta intensidad, ocurre en general en todas las economías en desarrollo que no poseen una moneda aceptada en los pagos internacionales.

Frente a la debilidad de las monedas locales producto de largas historias de devaluaciones y, en consecuencia, inflacionarias, y a las que también se suman los malos manejos de la política monetaria cuando no se ofrecen opciones más rentables en pesos, los propietarios de excedentes económicos los dolarizan, más en una economía inflacionaria en la que siempre se están esperando y demandando nuevas devaluaciones. La fuga es la “formación de activos externos”, rubro que describe no sólo a los dólares que efectivamente salen del país como remisión de utilidades o depósitos en el exterior, sino también por ejemplo a los 200 dólares mensuales que un “empleado medio de ingresos medios” compra para ahorrar. O a los dólares que se ahorran para la compra de una vivienda o de cualquier bien.

Resulta previsible que si se hace una lista de quienes dolarizan excedentes o incluso capital de trabajo, en el tope aparezcan los más ricos y no el empleado de los 200 dólares, pero la fuga es un fenómeno policlasista que se deriva de las condiciones macroeconómicas y la debilidad de la moneda. Mirando hacia el futuro los problemas principales de la macroeconomía local son dos y correlacionados, la restricción externa y la debilidad de la moneda. Aunque sea redundante debe repetirse: el principal enemigo del análisis económico es el juicio moral. Lo que el economista debe explicar son los mecanismos de funcionamiento del sistema.